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COMUNICACIÓN CULTURAL: PRODUCTO- PROGRAMA- CONTENIDOS

Miguel Ángel Pérez Martín

Muchos gestores culturales pensamos – como los ingleses con nuestras propinas, tan sureñas- que “estamos dejando el dinero en el mostrador”…o sea, que estamos dejando bolsas de ciudadanos-espectadores sin “abastecer”, sin ningún ofrecimiento cultural concreto en nuestros programas y equipamientos.

No hace falta insistir en la importancia del factor “producto” en la ecuación clásica del marketing, las famosas 4 Ps, también en el marketing cultural. No todo lo que ofrecemos interesa a todo el mundo. El “producto” ofrecido –el programa– nos acerca a unos públicos, nos aleja de otros y entre medias hay sectores, bolsas de espectadores que no encuentran aquello que les interesa, la realidad social-cultural es una suma informe de muchos “segmentos”.

Es más, en las estadísticas del Ministerio de Cultura, al ser preguntado por su ausencia o baja frecuencia de asistencia a actos escénicos, muchos espectadores potenciales responden “no me interesa”: teatro, danza, ópera, música clásica. No llegamos con lo que YA ofrecemos.

Recientemente Antoni Vassiliev nos sorprendía con su Manifiesto en el Día Mundial del Teatro y se preguntaba:

¿Necesitamos el teatro?

Esa es la pregunta que miles de profesionales decepcionados del teatro y millones de personas que están cansados de él se preguntan.

¿Qué necesitamos del teatro?

En estos años la escena es insignificante, en comparación con las plazas de las ciudades y las tierras de los países, donde se están jugando las tragedias auténticas de la vida real.

Generica Martin Fisch12

Nos han abandonado masas de espectadores, los jóvenes no se abonan, las entradas -cuando hay taquilla física- se compran en “el último minuto” y mucho más baratas. Si, ya sé que se venden muchas por internet y que del “abono” tradicional se ha pasado al “paquete turístico” (entrada + viajes+ hotel) pero esto se hace solo una o dos veces al año. Nadie se compromete ya a seis meses vista, nadie compromete una gran cantidad de dinero en abonarse a un programa en el que hay actuaciones que ya no nos interesan tanto. Compra anticipada y punto, como mucho.

En algunos lugares de España ha desaparecido la danza de la parrilla de ofertas escénicas. En otros ha sido la música clásica. En otros la vanguardia escénica. Se impone un producto “average” (Platea) que representa a una evanescente “clase media cultural”. Esto en toda Europa. Hay personas a quienes gusta el teatro, pero prefieren disfrutarlo en la calle, en diálogo con la trama urbana. Otros son aficionados al jazz, pero quieren escucharlo tomando una cerveza, no en la rigidez de un auditorio, con sus ujieres de negro riguroso.

Nuestros espacios, nuestros programas, no atienden a estas “inmensas minorías” a quienes no les preocupa si la entrada se compra desde el ordenador o si han de ir minutos antes a la taquilla -el mejor interface espacio/ciudadano-. Simplemente “no se sienten representados” en esas ofertas.

¿Quiénes? Claramente los más jóvenes -que tienen también problema con otra “P”, el Precio- también los mayores, que tienen gustos más tradicionales ya. Pero cada vez más muchos sectores de media edad, con formación educativa y cultural, que buscan “nuevos contenidos” y nuevas formas de comunicarlo en la escena. En estos días vemos como los problemas mundiales, regionales, sociales, políticos llenan las pantallas de los cines, de las series de televisión, incluso los videojuegos, poco explorados en nuestro sector. No ocurre lo mismo con los escenarios, en ellos se cuela “poca actualidad”.

Con las formas otro tanto. El “mantra oficial” es que no existe la creatividad de los setenta y ochenta. Falso. Rastreando las redes se podría poner en marcha un festival de artes escénicas experimentales y radicales como los de la época. Claro…hay que buscar, ya no te llaman por teléfono en horario de oficina los creadores…ahora te invitan a un “evento” y como muchos “santones” de la programación apenas usan las redes se lo pierden. Un ejemplo de ello es el actual L.E.V de Gijón. Tres generaciones se están dando cita allí.

¿Hay que dar forma a estas inquietudes artísticas y culturales? Claro, los formatos siempre han sido importantes y se puede seguir innovando, aportando frescura y riesgo. Pero ¿qué empaquetamos en esos nuevos formatos? ¿El mismo repertorio romántico de siempre? ¿Más Beethoven? Me gusta mucho Beethoven, pero he visto auditorios repletos en Gran Bretaña con Steve Reich y Stockhausen, con el Kronos Quartet y Diamanda Galás -que nos advirtió hace años de la tragedia que se cernía sobre Alepo- …seguramente consiguen que muchos de los “no interesados” vuelvan o al menos que muchos “prueben” alguno de nuestros “productos”.

Algo parecido pasa con los “contenedores”. Un gran coliseo regional como es el Teatro Calderón de Valladolid reporta en sus informes -cuasi secretos- que tiene doscientos días de actividad -incluyendo ensayos, montaje-desmontaje-. Insuficiente a todas luces para abastecer adecuadamente un área metropolitana de cuatrocientos veinticinco mil habitantes. Deja fuera muchos segmentos de población, muchas tipologías de espectáculos.

Tenemos un reto con los contenidos culturales apropiados para una nueva sociedad.

Ordenador y redes sí, pero “1300 gramos” también…más que nunca.

Lo decían Jefferson Airplane: Feed your head.

Un saludo, brothers… to be continued

 

M A Pérez Martín, Maguil.

Gestor Escénico y Cultural

Foto: Martin Fisch. licencia Creative Commons

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