Blog

Diseño, Branding y Cultura

Claudia Caracoche

Por

27 Ene 2014

Que una imagen vale más que mil palabras, a estas alturas de nuestro (caótico) mundo visual en el que estamos inmersos cada día y a cada momento, está más que demostrado. También tenemos cada vez más claro la estrecha relación entre las imágenes y las emociones.

Branding o el poder de la marca

Basta ver el aumento de las estadísticas en Pinterest o Instagram o las últimas noticias sobre la práctica del “selfie” ( autofotografías). Ésto nos sigue demostrando que las personas necesitamos conectar con ese mundo visual, referenciarnos, encontrarnos y, sobre todo, compartir nuestra manera de entender el mundo desde lo visual, nuestro universo, conectar con EL mundo, con nuestra comunidad.

Aún con todo, nos cuesta más, pero también nos vamos dando cuenta que para compartir todo este universo visual hay algo más detrás de cada cuenta en redes o de una web de empresa u organización cultural, en nuestro caso. Dolores ya lo comentaba en su post sobre la importancia de la creación de marca en las artes escénicas. Y agrego entonces, la importancia del diseño y construcción de la imagen de empresa: la identidad corporativa.

Ahora bien, creamos nuestra marca personal o de empresa/organización. Podemos ser un artista, un gestor cultural, comisario de arte, museo, galería o festival, y la pregunta es ¿qué imagen proponemos? ¿cómo la  gestionamos? ¿es una marca? y si somos una galería, empresa, museo, institución ¿cómo construimos la identidad corporativa? ¿cómo logramos una coherencia textual y visual de lo que deseamos transmitir? Desde la semántica visual, somos imágenes y luchamos por ganarnos un rinconcito en el corazón del universo visual de las personas, que no es otra cosa que el posicionamiento. Sí, aunque sea un espacio pequeñito, pero compartido, sustancial e interactuado para crear una relación, para conectar y enamorar a nuestro público.

Eso sí, como en las relaciones personales, un contenedor sin contenido se convierte en mero “objeto” vacío… y si se llena por otros, corremos el riesgo que nos “etiqueten”, “estereotipen” o lo que es peor aún, que no nos identifiquen. A esa imagen que proyectamos (de marca, os propongo) hay que dotarla no sólo de imagen, sino de vida, de sentido, de valores, emociones, pero que sean las nuestras o las de nuestra marca, y eso se consigue a base de estrategia y diseño. De un modelo de negocio, de nuestra propuesta de valor.

Cada vez más escuchamos de identidad corporativa, y ahora de branding ¿pero sabemos de su estrecha relación con el diseño, y más aún del tándem que logramos con el Marketing? Es aquí donde os invito a detenernos y descubrir poco a poco la importancia de esta disciplina que tanto necesitan las instituciones culturales si quieren estar bien posicionadas en la mente de su público. Y aún más, sí quieren fidelizarlo y conseguir su conexión emocional a largo plazo con ellos. Si quieren completar su plan de marketing cultural.

Citando a Abbott Miller, uno de los socios de la prestigiosa agencia neoyorquina Pentagram, que ha diseñado para museos como el Guggenheim o el Whitney de Nueva York, dice que “mientras la marca y el diseño son importantes, para el caso de las instituciones culturales, se requiere sin embargo un manejo cuidadoso en la creación de identidades” porque en realidad “existe un miedo a ser demasiado audaz o grandilocuente en la esfera comercial de las galerías de arte” que aún siguen siendo muy conservadoras.

brand

Por ello, cuando hablamos de branding necesitamos entender que es una disciplina, una pieza esencial del marketing a través del cual, una institución o empresa puede presentar a sus públicos su propuesta de valor de manera diferencial y cargada de significados. Por tanto, una marca es una suma total de los valores de una organización; un conjunto formado por su logotipo, sus productos, servicios, público, su cultura y que a su vez responderá ésta a sus valores, misión, identidad, objetivos, estrategia. Que todo ello tendrá que coordinarse con la imagen previamente diseñada en los distintos soportes: papelería, cartelería, notas de prensa, tickets, merchandising, web, redes sociales, etc. y que definirá también su tono de voz para comunicarse con el público.

Porque en fin último de ésto se trata la COMUNICACIÓN, de transmitir significados, de codificar nuestro universo de manera coherente, para que nuestro universo de marca se transmita en cada acción que realizamos, y para que logremos un feedback, una conversación, un diálogo con las personas. Y para empezar a descubrirlo, os propongo hacerlo a través del siguiente video, con el interesante caso de la galería de arte londinense Serpentine realizado por la citada Pentagram http://vimeo.com/75853005

Por experiencia personal y profesional, desde Love Art, es significativo el vuelco que están dando hacia el diseño de marca (como un todo) los artistas e instituciones culturales, un gran paso en la comunicación que en otros países nos llevan la delantera, pero que sin dudas sirven de ejemplo. Tomando de referencia nuevamente a Miller, vemos que como diseñador valora la implicación de los artistas e instituciones en el diseño de sus carteles, portfolios, webs, etc, diciendo qué es lo que quieren transmitir y qué no quieren transmitir. Un proceso que va más allá y que con ello estamos logrando una “alfabetización del diseño”.

Branding, imágenes de marca bien diseñadas, pensadas estratégicamente para cada canal, con coherencia visual, oral y semántica. ¿Nos atrevemos a pensar en diseño?

 

 Imágenes: 

Imagen 1 por Elisa Damiani en Notegraphy

Imagen 2 por Loop Oh

Deja tu comentario

Acepto la política de protección de datos de ASIMÉTRICA