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Elfos, enanos, dúnedain, hobbits… O de público y programación

Robert Muro

Por

14 Ene 2015
El señor de los anillos. Concierto OCNE

El señor de los anillos. OCNE.

La programación artística, el contenido, es una parte clave para la creación de públicos, que habitualmente se tiene en cuenta poco desde esa perspectiva. El público al que nos dirigimos, ese que toda organización cultural desea que llene sus salas, está determinado por una serie de variables que permiten lanzar mensajes, citarlos, contarles cosas interesantes segmentadamente. Esas variables, entre otras, son: los contenidos ofertados, los horarios propuestos, los espacios empleados, y las herramientas y modelos de comunicación y marketing utilizados. Y son esas variables –cada una de ellas y todas en conjunto- las que definen la asistencia y sobre todo el tipo de público a las actividades artísticas.

Los contenidos, es decir, la programación artística propuesta por los creadores o las organizaciones culturales son una herramienta cada vez más útil y precisa de definir y dirigirse a nuevos públicos. Al mismo tiempo es una herramienta versátil porque permite múltiples variaciones que manteniendo esencias ofrezca formatos y envoltorios extraordinariamente diferentes, tanto, que pueden generar nuevos productos capaces de atraer sectores de audiencia que inicialmente se pensarían alejados. O inmiscibles.

Pensemos en un concierto musical a cargo de la Orquesta Nacional de España en su emblemática Sala Sinfónica del Auditorio Nacional. Inmediatamente tenderemos a visualizar un tipo de público maduro, experto, habitual, que acude solo o con su pareja. Añadamos ahora a ese concierto la característica de que interpreta la banda sonora de una conocida película y que además ésta se proyecta al mismo tiempo. La cosa cambia, claro. Pensemos, ahora, en que esa película es El Señor de los anillos y de pronto las posibilidades de asistencia de diversos públicos se multiplica. Veremos incluso multitud de jóvenes, inhabituales en esos espacios y en esas artes, que acuden en grupo, e incluso ataviados como sus héroes de la pantalla…, y que disfrutan como enanos de las artes escénicas, audiovisuales y musicales al mismo tiempo, amalgamadas. Un producto nuevo, un nuevo contenido. ¿Nuevo? No, ya sabemos que no lo es, porque en los orígenes del cine, la proyección de las películas, mudas, se acompañaba a menudo de la interpretación en directo de pequeñas orquestas de la base musical. Pero el conjunto sí lo es.

La actividad, recogida en los medios abundantemente, tuvo el pasado 2 de enero en el Auditorio Nacional, una magnífica respuesta popular. Ya, ya sé que la dificultad es regularizar los contactos y establecer rutinas, conocer mejor a los nuevos públicos asistentes, interactuar con ellos, hacer un largo y fructífero viaje en fin. Pero lo relevante es que no hay viaje sin primeros pasos, no se hace camino sin andar. Y ese camino también es una oportunidad para hacer comprender a los seguidores de siempre de las expresiones más clásicas, que su comprensión y su apoyo es necesario para favorecer estas experiencias e incorporar al “club” a nuevos socios.

La herramienta “contenidos”, aunque como decía al comienzo de este post, ha de ir unida a otras como los modelos de comunicación, horarios y espacios…, es clave para las organizaciones porque las anima además a salir de sus rutinas y zonas de confort, les ayuda a crear, humildemente. A acercarse a nuevos y diversos sectores de la audiencia. Incluso tiene la virtud de animar a sus públicos habituales a que abran ventanas y se asomen a otras formas de arte.

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