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Ideas prácticas para generar un mercado cultural español

José Enrique Blanco

Por

14 May 2015

Inmerso el país es una crisis estructural sin precedentes, que a su vez se incardina en una crisis mundial derivada de una lucha sin cuartel por los cada vez más escasos recursos energéticos y de materias primas, llega el momento en el cual debemos adaptarnos con lucidez y flexibilidad a los retos planteados, dejando atrás los viejos fantasmas ideológicos del siglo XX.

Afrontar con un enfoque práctico las cuestiones pendientes es ya el requisito imprescindible para la supervivencia. Y no resulta excluido el mundo cultural, especialmente el audiovisual español y actividades colaterales que dependen de esa rama de la creación.

images-2Como ejercicio previo debemos plantearnos cuáles son los problemas a los que nos enfrentamos. Y para comprenderlos lo primero es enteder qué conceptos nos han llevado a ellos.

Tradicionalmente, España es el país del “No mercado”, de la aversión patológica al riesgo, a la aventura y a la empresa. Y no es ajeno a esta mentalidad el universo de la creación. La generalidad de actores vinculados a los derechos de propiedad intelectual viven inmersos en un estado mental que ya no se corresponde con la realidad social y económica que nos toca vivir.

La nefasta suma de la aversión al riesgo y la fe inquebrantable en un Estado providencial y paternalista que tutele cariñosamente al sector ha conducido a la industria cultural española a un camino sin salida. Con la mayoría de sus ingresos dependientes de fuentes estatales, una vez caído el “muro de Berlín kultural” el sistema atónito asiste a un Holocausto que devora a productores, guionistas, actores, escritores, figurantes… y a todos los que pongan por delante.

Es necesario afrontar la realidad y aceptar que un Estado quebrado de facto no puede hacer regresar los “días de vino y miel” de las subvenciones a fondo perdido, los contratos suculentos de las televisiones públicas y la alucinación generalizada. Ya no volverán los tiempos en los cuales se podía simular una película para cobrar el presupuesto completo del Ministerio de Cultura y luego vender 50 entradas en dos pases en un cine de segunda para justificar el expediente administrativo.

Y ante el fin de una era, una vez terminada una etapa de fantasía se hace preciso dar un enfoque más dinámico, auténtico y rentable a toda la Industria. Y precisamente el primer paso es que el colectivo en su conjunto, aprenda a considerarse así mismo como una “Industria” creadora de bienes inmateriales de alto valor añadido. Si divertir, enseñar, entretener y hacer feliz a la gente es un alto valor añadido, entonces ¿por qué es irrentable económicamente hablando?

Por una razón tan sencilla como que para qué se puede hacer rendir a cualquier actividad humana se necesita una organización que canalice y gestione todas las acciones relacionadas con una actividad productiva. Y esa entidad se llama “empresa”, que es precisamente lo que no existe en el mundo español de la creatividad. Hay organismos que dicen ser “empresas” pero en realidad son cualquier cosa menos eso: hay Kolvjoses, Sovjóses, conglomerados, ministerios… incluso Iglesias audiovisuales y sectas del Partido. Pero “empresa de propiedad intelectual” pocas. Y de una cierta entidad con capacidad para competir internacionalmente al estilo de la SONY, DREAMWORKS o W.BROTHERS, ninguna.

El segundo concepto (de consecuencias dramáticas para el actual status quo) es que la actividad empresarial es una ciencia casi exacta, ya que se basa en las matemáticas, en la estadística, en la economía, la sociología, la psicología de masas, etc, y necesita conocimientos previamente adquiridos con un cierto rigor. No debemos olvidar que existen las facultades de estudios empresariales, lo que debería indicarnos que no es cosa que una empresa esté en manos de aficionados, por mucho que estos pobres ilusos amen el cine, la cultura o al Partido del Amor Eterno. Si una empresa no se halla organizada y dirigida bajo criterios puramente económicos y pragmáticos no vivirá mucho tiempo en un ecosistema tan dinámico como es la producción intelectual (Internacional). No olvidemos que nuestro objetivo como sector debe ser, ante todo, vender, exportar, ganar y en última instancia sobrevivir. Y si además, somos capaces de crear bellas obras, bendito sea!

Resumiendo, por tanto, es el fin de la Era de los apparatchiks de la Cultura. Funcionariado y creatividad conforman un oxímoron en sí mismo. Y ninguna empresa podrá ser viable en el siglo XXI sin formación empresarial, mentalidad empresarial y organización empresarial.

Una vez aceptados los presupuestos y las coordenadas del momento en el que nos hallamos resulta sencillo dar con las líneas fundamentales que puedan ayudar a dar viabilidad y prosperidad a la Industria de la Creación Española. Y lo más importante: copiar a los que saben. Emular los modelos que funcionan en el espacio internacional y huir de las viejas fórmulas, que siempre son la misma, en realidad: “que pague el Estado”.

Algunos ejemplos de vías de actuación para fomento de la empresa creativa podrían ser los siguientes:

– Maximizar las exenciones y bonificaciones fiscales para empresas culturales.

– Liberación de cargas burocráticas para la constitución de empresas, reducción de costes al estilo del Reino Unido de manera que el coste de mantenimiento una PYME audiovisual represente unos 200 o 300 euros/anuales para facturaciones por debajo de los 100.000 euros.

– Financiación mediante créditos a interés mínimo (interbancario europeo) orientada a los fondos de inversión, bussiness angels, y sociedades privadas especializadas en materia de propiedad intelectual.

– Desgravación íntegra de la cuota del impuesto de sociedades para aquellas entidades que inviertan en la producción, promoción, realización y generación de propiedad intelectual, de forma que lo invertido suponga un beneficio fiscal obvio para el inversor. Sin límites ni letra pequeña.

– Desaparición de las entidades de gestión de derechos “oficiales” (SGAE, CEDRO, etc) dejando que los miembros de la industria organicen de forma colectiva y profesional sus intereses, mediante asociaciones profesionales con reglas claras y equitativas de juego.

– Unificación del Registro Nacional de la Propiedad Intelectual para que cualquier interesado pueda acceder de manera pública, directa, dinámica y eficiente para la comprobación del estado de los derechos de propiedad, contenidos y circunstancias de la transmisión de los derechos. Creación de una base de datos del registro de Obras al estilo del Registro Mercantil Nacional.

– Creación de una Bolsa de Valores de la Propiedad Intelectual para la titulización de las obras y su negociación en un mercado abierto igual que las Bolsas de sociedades de capital.

Esta lista es totalmente abierta, y pueden sumarse todas aquellas propuestas que sirvan al fin deseado: alentar el desarrollo de un mercado de la Propiedad Intelectual efectivo, que estimule la generación de valor y la transmisión de derechos con la máxima seguridad jurídica para inversores y creadores. Se trata en definitiva de derribar las viejas barreras del minifundismo mental y estimular al máximo el tráfico de ideas, obras, valor y retorno económico con los mismos instrumentos que otras áreas de la actividad humana. Sin “divismos” ni delirios personalizados. La opinión del público y su juicio implacable ante la obra, harán el resto que se necesita para que en España exista por primera vez en su historia, una verdadera Industria de la Creación.

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