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Las siete virtudes del marketing de las artes

Raúl Ramos

Por

19 Ene 2012

Las organizaciones que se centran en las ventas en vez de en las necesidades de la audiencia corren el riesgo de caer en lo queMatt Lehrman denomina los siete pecados capitales del marketing de las artes. Sin embargo, aquellas que sitúan al público en el centro de su organización y lo tienen en cuenta en la toma de decisiones fomentarán el desarrollo de lo que el autor señala como las virtudes del marketing de las artes:


Templanza: Es lo contrario a la gula. Tómatelo con calma. No esperes vender, vender, vender. No esperes nada más que descubrir y experimentar y trabajar duro. El resultado hablará por sí solo. No te vuelvas loco con las nuevas tecnologías. Es fácil quedar atrapado en los nuevos juguetes digitales. Juega con ellos, por supuesto, pero rebaja tus expectativas. Ningún aparato o idea novedosa va a resolver tus problemas de forma instantánea. Facebook, por ejemplo, expande el alcance de tu comunicación, pero no sustituye nada por sí solo.

Caridad. Ponte en contacto con organizaciones similares a la tuya, con grupos pequeños o emergentes, con gente que quiera aprender sobre tu modalidad artística. Permite que  incluyan anuncios de su actividad en tu programa. Busca la colaboración a cualquier nivel y hazlo todo sin buscar contraprestaciones. Comparte lo que tienes y espera a que tu audiencia lo valore.

Diligencia. Esta época de premios inmediatos no resulta muy gratificante a muchos niveles. Cuando hay algo que no funciona al momento, lo dejamos y luego tenemos que volver a empezar de nuevo. No pidas tu galleta ahora- espera a la cosecha y cocina un lote entero. No te des por vencido si un mailing no obtiene respuesta. Prueba con otro enfoque…y con otro, y con otro.

Paciencia. Afín a la diligencia y contraria a la pereza. Aunque sean parecidas a primera vista, la diferencia es enorme. La persona perezosa espera a que sucedan los cambios, no los produce. La persona paciente no espera, produce los cambios apropiados. Una vez más, es crucial no tener demasiadas expectativas.

Amabilidad. El boca oído construye audiencias y la amabilidad es clave para que esto suceda. Ten una visión positiva y un comportamiento alegre- ¡no hay nada malo en ello! Cuando estés trabajando recuerda que hay una audiencia para todo y que una actitud amable te ayudará a encontrar la tuya.

Humildad. Lo contrario al orgullo.  Comparte los méritos. Involucra a los compañeros. Si has hecho tu trabajo bien, el resto vendrá a apoyarte. Pero son ellos los que tienen que venir, no al revés. Recuerda: sin grandes expectativas. La persona de marketing de las artes “orgullosa” espera ventas que rompan todos los records y reconocimiento profesional. El humilde busca ayudar a conseguir audiencia potencial

Castidad. Al contrario que la lujuria, la castidad requiere que mantengamos la distancia entre nosotros y el proceso, evitar la implicación personal con el diseño de un folleto o el estilo de una rueda de prensa. No se trata de lo sexy que puedes llegar a hacer las cosas, sino de la audiencia y del arte.

La preocupación por la audiencia y la búsqueda activa de pequeños cambios para adaptar las organizaciones a sus públicos –sin dejarse llevar por expectativas poco realistas- son algunas de las claves que subraya Lehrman a través de estas virtudes. Al fin y al cabo, como comentaba Sarah Briggs en la I Conferencia Anual de Marketing de las Artes organizada por Asimétrica, las organizaciones tienen que “afrontar el desafío para desarrollar nuevos públicos y asegurar que los públicos que ya han venido sigan encontrando sus visitas relevantes, excitantes y gratificantes”.

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Post por Raúl Ramos

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