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Los siete pecados capitales del marketing de las Artes

Raúl Ramos

Por

16 Ene 2012

Las organizaciones culturales que se centran en los resultados a corto plazo y piensan  más en las ventas que en el público, corren el riesgo de dejarse llevar por lo que Matt Lehrman considera en su blog del Artsjournal, Audiences Wanted, como los siete pecados capitales del marketing de las artes:

Ira. No tiene sentido enfadarse con el mundo por ser como es. Sin embargo, los que se dedican al marketing de las artes no paran de culpar a los medios, la audiencia, la competencia y a sus financiadores. Es muy humano volverse loco con una situación que parece imposible de superar, pero así no se logra nada. Por eso la ira es un pecado. Hace que centres tus energías en obsesionarte con los problemas en vez de en resolverlos. La ira se vence simplemente enfrentándose con la realidad. Hazte cargo de la situación


Avaricia. Algo típico de muchas organizaciones consiste en centrarse en obtener ganancias a corto plazo a expensas del largo plazo (especialmente en años de crisis económica). Crear valor a largo plazo es esencial para la supervivencia de la organización pero la avaricia nos ciega y hace que busquemos maximizar los ingresos como sea. El coste: las audiencias -reales y potenciales- perciben la distancia entre ellos y la organización y la participación desaparece. Al final, también bajará la venta de entradas.


Pereza. Hazlo como siempre. ¿Para qué cambiar? Con los folletos y los anuncios en prensa vale. Eso solía funcionar, así que para qué volverse loco reinventando la rueda. ¿Por qué no iba a funcionar esta vez? Es mejor hacer las cosas como se han hecho toda la vida


Orgullo. El mérito es tuyo. El resto no tuvo nada que ver. Tú-y solamente tú- los engañaste…digo cerraste la venta. Era una competición: tú o la audiencia. ¡Y ganaste tú! ¡lo hiciste! ¿no eres genial?


Lujuria.  La lujuria contrasta con su primo legítimo, el deseo. Es una distinción sutil pero importante. El deseo implica querer un resultado por el resultado en sí. La lujuria implica querer un resultado por lo que supone para tu ego. Algunos de los que se dedican  al marketing de las artes se deleitan con el proceso olvidándose del objetivo final. ¡Me encantan esos folletos tan chulos! ¡Y qué me dices de nuestro logo!


Envidia. Es el pariente tranquilo de la ira. No se molesta en enfadarse con los medios, audiencias y demás, simplemente se resigna amargamente al (aparente) hecho de que todo el mundo tiene más que él. Si la orquesta sinfónica fuera tan atractiva como la ópera…; si la ópera atrajera a los jóvenes como lo hace el ballet…; si el ballet tuviera la credibilidad de la orquesta sinfónica…; Si el departamento de educación tuviera mayor presupuesto…; si, si, si…Deja de mirar el éxito de los demás y céntrate en tus propios logros. Si miras con atención empezarás a descubrir por qué tuviste éxito en determinados momentos y estarás preparado para repetirlo de nuevo.

Gula. Una persona glotona come de todo sin importarle las consecuencias para su cuerpo.  Una persona de marketing de las artes que sea “glotona” solo quiere que la gente compre entradas. Sin embargo, paradójicamente, si hay algo peor que no tener audiencia es tener la audiencia equivocada. Un desajuste entre la audiencia y el producto que ofreces hará que el público se vaya a sus casas enfadado y evitará que la audiencia apropiada lo disfrute.

Estos pecados a los que se refiere Lehrman ponen de relevancia la tendencia de los profesionales del marketing de las artes a olvidarse de la audiencia, lo que puede poner en peligro la sostenibilidad de las organizaciones culturales en el largo plazo, asunto del que se habló en el segundo número de la revista digital de marketing cultural Conectando Audiencias.

Ver el artículo original “The 7 Deadly Sins of Arts & Cultural Marketing” pulsando aquí

Post por Raúl Ramos

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