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Reflexiones sobre la fidelización de público joven en museos

Rosa Tarroja

Por

16 Abr 2013

Hace aproximadamente un par de semanas tuve la oportunidad de participar en uno de los interesantes debates online de  #Cultura18 en particular éste trataba sobre apps culturales. De la cuestión que se nos planteó en principio, acerca de qué tipo de aplicaciones acostumbrábamos a llevar en nuestros smartphones, se derivaron numerosas reflexiones de personas procedentes de diversos ámbitos de la gestión cultural sobre cómo podrían incorporarse dichas apps en museos e instituciones culturales con el objetivo de facilitar la comprensión de la visita al público.

Recordé entonces, ya no sólo mis diversas vivencias y experiencias como educadora con adolescentes en diversos museos e instituciones culturales de Barcelona durante aproximadamente cinco años, sino cómo me llamó la atención descubrir, el año pasado, diversas obras de la colección del Museo Europeo de Arte Moderno. Fue algo increíble adentrarme en la técnica de artistas como la del paraguayano Enrique Collar, ya que descubrí – o quizá redescubrí – el potencial que las nuevas tecnologías podían ofrecer para propiciar el acercamiento del público adolescente o joven – como prefiere denominarlo Pablo Martínez – a los museos, y, más concretamente, a los museos de arte contemporáneo. Reproduzco a continuación fragmentos de un texto en el que el propio Enrique Collar describe su procedimiento creativo por considerar que es sumamente significativo para el tema del post que nos ocupa:

“Dudo siempre de la relación entre la fotografía y la pintura (…). En ese punto conflictivo cruzo las ideas, así como cruzo en segundos físicamente de un cuarto a otro, de la sala de pintura al estudio fotográfico de mi taller (…). Si bien nunca tuve una mirada cronológica de la historia de la pintura, la llegada de la era digital resultó para mí un apoyo fundamental para mis búsquedas plásticas, donde encontré un nuevo punto cero para mi obra pictórica. Un elemento técnico que contribuye a estas búsquedas son las cámaras digitales que voy utilizando para fotografiar a mis modelos. En mis últimas pinturas estoy trabajando con una cámara de 21 megapíxeles, más el Ipad que viene a reemplazar la imagen en papel. Cada cámara me provee de nuevas miradas y detalles; poder combinar la tecnología con un oficio de siglos, me resulta más que apasionante”.

¡Me pareció absolutamente fascinante!. ¡Tenía ante mí unos recursos que probablemente resultarían muy útiles y didácticos para trabajar con jóvenes de edades comprendidas entre los 13 y los 18 años!. Aunque cada visita y /o taller es una experiencia diferente,  y generalizar no constituye, en absoluto, mi intención, sin duda la mayoría de profesionales que trabajamos con públicos de las edades mencionadas sabemos que es necesario innovar y motivar constantemente. ¿Y no serían, volviendo al tema del debate de las apps, éstas las que precisamente nos ayuden a fidelizar al público joven a los museos?. ¿Acaso los móviles, cámaras digitales, tablets, IPads, no forman parte de la cotidianidad de los jóvenes?. ¿Por qué no, entonces, plantearnos su aplicación en las instituciones culturales?.

Llegados a este punto, recordé unas jornadas sobre museos y educación a las que asistí hace aproximadamente cinco años, concretamente la ponencia de Pablo Martínez, del Departamento de Educación del Museo Centro de Arte Reina Sofía. El tema versaba acerca de un programa dirigido a adolescentes, o – insisto – jóvenes de edades comprendidas entre 13 y 18 años. Estaba completamente fascinada: por primera vez en mi trayectoria profesional me encontraba con una institución cultural, un museo de arte contemporáneo para ser más precisos, que no sólo se había interesado por el público joven, sino que, además, dicho programa estaba, y continua haciéndolo – puede consultarse en la web del museo  – gozando de muy buena aceptación entre dicho público. Pablo Martínez no se refirió en particular a las nuevas tecnologías como recurso para fidelizar a este tipo de público, pero sin duda el denominador común hasta lo que he intentado plantear hasta ahora en el post es el mismo: tener presente al público joven en los museos y fidelizar su asistencia a través de diversas estrategias y recursos. Fijémonos a continuación en la siguiente fotografía, que nos servirá como punto de partida para comentar este magnífico programa, denominado hastadieciocho.

Hasta dieciocho

¿Qué es lo que vemos?. Un grupo de chicos y chicas de las edades mencionadas dispuestos cómodamente – excelente recurso – en una de las salas del museo, con dos pinturas abstractas tras ellos y…. sus miradas, su actitud, su predisposición. Están escuchando, atentos, interesados en aquello que se les está explicando, transmitiendo. Si echamos un vistazo a otras fotografías en la web del museo, podemos ver a otros jóvenes participando, debatiendo entre ellos, creando. Consiguiendo, quizá, como muy bien apunta Pablo Martínez, ofrecerles un lugar donde expresarse con libertad y descubrir en las actividades artísticas un potencial y un canal de expresión fundamental, ya que

“Brindar a los jóvenes la posibilidad de expresarse libremente es la mejor de las contribuciones que desde los museos podemos hacer, no sólo a los jóvenes, sino también a esta sociedad. No en vano, ellos son los futuros ciudadanos que harán mundo”.

Y, asimismo, resalta la relevancia del hecho de ofrecer estas actividades más allá de los programas dirigidos a los centros de enseñanza – aunque el Museo Reina Sofía ofrece un excelente programa educativo -. En dichas actividades, debates, talleres, organizados en muchas ocasiones los sábados por lo mañana, el joven ya no acude al museo con el profesor, sino libremente, e, incluso, con amigos. Se forman equipos, se cuelgan los trabajos en las salas de los talleres. Pasan de ser simples visitantes a convertirse en artistas. Pasan a ser los protagonistas. Y, ¿acaso no es esto último un hecho que cualquier psicólogo y / o pedagogo consideraría fundamental en la construcción de la identidad de un joven?.

¿Acaso no deberíamos plantearnos los profesionales vinculados al mundo museístico contribuir, a través de los recursos que se consideren más adecuados, a la construcción de las identidades de nuestros jóvenes, consiguiendo al mismo tiempo fidelizarlos como público en los museos?.

Este post ha sido escrito Rosa Tarroja, historiadora del arte de formación, ha trabajado la gestión cultural desde el acercamiento de la sociología del arte y desarrollando distintos programas didácticos en los departamentos de actividades y educación de diversas instituciones culturales de Barcelona, y ha diseñado el programa pedagógico del MEAM. Actualmente lleva un blog Abánicos de cultura, que en estos momentos está en construcción, mientras tanto puedes seguirla en su cuenta de Twitter @rtarroja.

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